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Introducción de "Evaluación Clínica del Sentido del Olfato"

El sentido del olfato forma parte de los llamados sentidos químicos, completan­do esta denominación el sentido del gus­to y el sentido químico común.
En general, este último no es conoci­do ni enseñado en la carrera de Medicina de nuestro país, por lo que la mayoría de los médicos de diferentes especialida­des no saben de su participación activa reforzando al olfato y al gusto. Anató­micamente son terminaciones libres neu­ronales que se distribuyen en la mucosa ocular, nasal, oral, faríngea y laríngea su­perior y dependen básicamente del V par craneal y en menor medida del IX y X.
Esta actividad sensorial se conoce como chemesthesis en inglés, y en español sería quimioestesis (J. Enrique Cometto-Muñiz, comunicación personal); se trata de manifestaciones de tipo somatosenso­rial (térmica, táctil, presión, dolor) que se traducen como ardor, prurito, calor, fres­cura, irritación, cosquilleo y dolor. Ejem­plos son la menta, tanto al olerla como al ponerla en la boca nos hace sentir frío sin estar frío; la pimienta –u otras especias picantes– nos hace sentir calor y no está caliente. El amoníaco, los solventes o los productos similares nos irritan la muco­sa nasal, faríngea, ocular y se produce también una reacción de huida o rechazo ante las sustancias reconocidas como no­civas, irritantes o pungentes.
Con lo expuesto ya hemos hecho referencia a una de las funciones más importantes del sentido del olfato en el hombre: a. la de seleccionar lo que ingerimos y respiramos; lo hacemos con el I par craneal y también con el V par. En otras palabras, hay dos zonas olfatorias, se­gún la apreciación de Henkin y col. (3): la primaria, mediada por el I par, y la secundaria, por el V o trigémino, en me­nor medida el IX y el X. (3) Más allá de este concepto, también podemos decir que olemos con el I par: manifestación de tipo quimiosensorial que nos da la noción cualitativa y cuantitativa de los olores, y tenemos sensaciones pungen­tes surgidas del V par: manifestación de tipo sómatosensorial.
Las otras funciones son:
b. vinculaciones con reflejos neuroen­docrinos, relaciones estrechas con áreas cerebrales de la conducta, la memoria y las emociones (sistema límbico)
c. relativa expresión funcional en lo que hace a la preservación de los indivi­duos y las especies
d. la del placer estético: función pro­pia de la especie humana (desarrollo de industrias relacionadas con el aroma: perfumes, alimentos) (2)
Las alteraciones olfatorias cuantita­tivas o pérdida del olfato son las que se dan en forma más frecuente y pueden ser parciales (hiposmia) o totales (anos­mia), la exacerbación o hiperosmia es rara. Las estadísticas reflejan que la hiposmia y la anosmia son observadas en aproximadamente 16 y 5% de la po­blación (4, 1), respectivamente, las más afectadas son personas de edad avanza­da o ancianos. (5)
La pérdida del sentido del olfato puede producirse en forma brusca como en pos traumatismo de cráneo (TC) y en pos URI (upper respiratory infection) o viral. La forma progresiva y/o cíclica es característica principal de las rinosinu­sopatías o exposición a sustancias tóxi­cas, entre otras causas.
Cuando la pérdida se presenta, sobre todo en forma brusca, puede llevar al paciente a la consulta. Es entonces cuando, si lo comparamos con los gigantes como la visión y la audición, este pequeño senti­do cobra interés, se vuelve importante. El paciente está angustiado, asustado, piensa que lo que le está pasando es algo grave, refiere no sentir los olores cotidianos, ho­gareños. Teme sufrir accidentes con los escapes de gas, no darse cuenta de un in­cendio o de que algo se quema hasta no ver el humo o las llamas, ingerir alimen­tos o bebidas en mal estado. En lo con­cerniente a su vida de relación refiere que añora el olor del ser amado, el olor de sus hijos o el bebé, añora las buenas comidas y un buen vino, aquí comúnmente con­funden el gusto (básicos: dulce, amargo, salado y agrio) con el sabor. El sabor está compuesto por una sensación dada en un 80% por el olfato que aporta el aroma de lo que se ingiere tanto por vía ortonasal como retronasal, y otras sensaciones que son contribución del sentido químico co­mún a través de las cualidades de textura, temperatura, viscosidad, astringencia.
Algunos se sienten incómodos por no poder controlar a través del olfato la intensidad de sus propias emanaciones, por ejemplo, el sudor. A veces llegan a exagerar su higiene o el uso de perfumes y desodorantes, lo que, paradojalmen­te, puede redundar en rechazo social. Se pueden producir también alteraciones a nivel sexual de distintas magnitudes se­gún el individuo.
Lo expuesto, en síntesis, lleva a tener una mala calidad de vida y ésta se acen­túa en quienes trabajan con el olfato, por ejemplo cocineros, perfumistas, ca­tadores, floristas, bomberos, químicos, bioquímicos. Las alteraciones olfatorias a nivel cualitativo se llaman disosmias, o dis­torsiones del sentido del olfato, que pue­den ser en presencia del estímulo oloro­so: parosmia o en ausencia del estímulo oloroso: fantosmia. Los pacientes que presentan disosmias suelen ver afectada su vida personal en mayor medida que los que tienen anosmia o hiposmia. Esto debido a la presencia continua o dis­continua, según la causa, de un olor ge­neralmente desagradable, que los hace sentir incómodos, irritables, agotados.
Hecha la aclaración entre gusto y sa­bor se explica que este libro irá dirigido a la patología olfatoria principalmente, pues en general es éste el sentido afec­tado, el olfato. La patología del gusto aparece comparativamente en muy bajo porcentaje y cuando se presenta hay que buscar su origen en la cavidad oral: sus diferentes estructuras y cantidad y/o ca­lidad de la secreción salival. Puede ha­ber afectación de receptores gustativos pos terapia radiante, por uso de deter­minados fármacos o por destrucción de los mismos por virus: la hipogeusia hallada en pos URI. (3) Hay que tener presente que la anatomía del sentido del gusto está representada por tres pares craneales: VII, IX y X, y es muy difícil que se dañen al mismo tiempo.
También están las alteraciones gusta­tivas de tipo cualitativa o disgeusia, por ejemplo, en cirugías de oído al dañar o sec­cionar la cuerda del tímpano, el paciente suele relatar que siente gusto metálico. La disgeusia puede estar en entidades como pos URI o pos traumatismo de cráneo o pos terapia radiante, entre otras.
Se irán explicando los puntos más im­portantes en cada capítulo y desarrollaré lo que denomino Evaluación olfatológica integral: evaluación clínica minuciosa, es­tudio olfatométrico, otros estudios según la etiología, pedido de interconsultas, para culminar con el diagnóstico y la conducta terapéutica más adecuada según cada caso.



1. Bramerson A, Johansson L, Ek L, et al. “Prevalence of olfactory dysfunction: the skovde population-based study”. Laryn­goscope 2004; 114: 733-737.
2. García Medina, MR. “Métodos para el diagnóstico y evaluación de las alteraciones olfatorias”. Tesis doctoral. Facultad de Me­dicina, Universidad de Buenos Aires, 1987.
3. Hoye RC, Ketcham AS, Henkin RI. “Hy­posmia after Paranasal Sinus Exenteration or Laryngectomy”. The American Journal of Surgery. 1970; 120: 485-491.
4. Landis BN, Konnerth CG, Hummel T. “A study on the frecuency of olfactory dysfunction”. Laryngoscope 2004; 114: 1764-1769.
5. Murphy C, Schubert CR, et al. “Preva­lence of olfactory impairment in older adults”. JAMA 2002; 288: 2307-2312.